Suele haber entre los seres humanos amplias diferencias en la intensidad de la respuesta a las sustancias químicas tóxicas, así como variaciones en la susceptibilidad de un individuo a lo largo de su vida. Ello puede atribuirse a diversos factores que pueden afectar a la velocidad de absorción, la distribución en el cuerpo y la velocidad de biotransformación y/o excreción de una determinada sustancia.

 Aparte de los factores hereditarios conocidos, cuya relación con el aumento de la susceptibilidad a la toxicidad química en los seres humanos está claramente demostrada, intervienen factores como los siguientes: las características constitucionales relacionadas con la edad y el sexo; los estados patológicos preexistentes o un deterioro de la función de un órgano; los hábitos alimentarios, el hábito de fumar, el consumo de alcohol y el empleo de fármacos; la exposición concomitante a biotoxinas y a factores físicos (radiación, humedad, temperaturas sumamente bajas o altas o presiones barométricas especialmente idóneas para la presión parcial de un gas), así como situaciones concomitantes de ejercicio físico o tensión psicológica, y las exposiciones anteriores, profesionales y/o ambientales, a una determinada sustancia, en particular la exposición concomitante a otras sustancias no necesariamente tóxicas.

Las posibles contribuciones de estos factores al aumento o la reducción de la susceptibilidad a efectos adversos sobre la salud, así como sus mecanismos de acción, son específicos de cada sustancia química.

  • Influencia de la edad

En comparación con los adultos, los niños de corta edad suelen ser más susceptibles a la toxicidad química porque sus volúmenes de inhalación y su velocidad de absorción gastrointestinal son relativamente mayores debido a la mayor permeabilidad del epitelio intestinal, y también porque sus sistemas enzimáticos detoxificantes están inmaduros y la velocidad de excreción de sustancias químicas tóxicas es relativamente menor. Parece que en las primeras fases de su desarrollo el sistema nervioso central es especialmente susceptible a la neurotoxicidad de diversas sustancias, como por ejemplo el plomo y el metilmercurio. Por el contrario, las personas de edad avanzada pueden ser susceptibles porque han pasado por exposiciones químicas anteriores y poseen unos mayores depósitos corporales de algunos xenobióticos, o también por el deterioro preexistente de la función de órganos diana y/o de las enzimas pertinentes, lo que hace que su velocidad de detoxificación y excreción sea más baja.

  • Influencia del sexo

Se han descrito diferencias de susceptibilidad relacionadas con el género con respecto a muchas sustancias tóxicas, diferencias que se dan también en muchas especies de mamíferos. Parece que en general los hombres son más susceptibles a las toxinas renales, y las mujeres a las toxinas hepáticas. Las causas de estas diferencias de respuesta entre hombres y mujeres se han relacionado con sus diferencias en una gran variedad de procesos fisiológicos (por ejemplo, las mujeres pueden excretar una mayor cantidad de algunas sustancias tóxicas en las hemorragias menstruales y en la leche transfiriéndolas al feto, pero sin embargo experimentan una tensión adicional durante el embarazo, el parto y la lactancia), actividades enzimáticas, mecanismos de reparación genética y factores hormonales, así como con la presencia de depósitos de grasa relativamente mayores en las mujeres, lo que produce una mayor acumulación de algunos tóxicos lipófilos, como los disolventes orgánicos y algunos fármacos.

  • Influencia de los hábitos alimentarios

Los hábitos alimentarios tienen una importante influencia en la susceptibilidad a la toxicidad química, sobre todo porque una nutrición adecuada es esencial para que el sistema de defensa química del cuerpo funcione correctamente y contribuya a mantener el buen estado de salud. Ingerir una cantidad suficiente de metales esenciales y proteínas, especialmente de aminoácidos que contienen azufre, es necesario para biosintetizar diversas enzimas detoxificantes y para aportar la glicina y el glutatión que precisan las reacciones de conjugación con compuestos endógenos y exógenos. Los lípidos, especialmente los fosfolípidos, y los elementos lipotrópicos son necesarios para la síntesis de las membranas biológicas.  No obstante, la dieta misma puede ser también una fuente de exposición individual a diversas sustancias tóxicas (por ejemplo, niveles considerablemente incrementados de ingesta diaria y acumulación de arsénico, mercurio, cadmio y/o plomo en las personas que consumen pescado contaminado).

  • Influencia de los fármacos

El uso frecuente de diversos fármacos puede influir en la susceptibilidad a sustancias químicas tóxicas sobre todo porque muchos fármacos se unen a proteínas séricas e influyen de esa manera en el transporte, la distribución o la velocidad de excreción de diversas sustancias, y también porque pueden inducir las enzimas detoxificantes pertinentes o deprimir su actividad, lo que afecta a la toxicidad de sustancias que tienen la misma ruta de biotransformación. Además, algunos fármacos contienen una cantidad considerable de una sustancia química potencialmente tóxica, por ejemplo los antiácidos, que contienen aluminio, o los preparados que se emplean en el tratamiento de la hiperfosfatemia por insuficiencia renal crónica.

  • Influencia de la exposición concomitante a otras sustancias químicas

Los cambios de la susceptibilidad a efectos adversos sobre la salud debidos a la interacción de diversas sustancias químicas se han estudiado casi exclusivamente en animales de experimentación, sobre todo en la rata. Carecemos de estudios epidemiológicos y clínicos a este respecto. Aparte de los que se han publicado en el ámbito de la farmacología, los datos que poseemos se refieren en su mayoría únicamente a combinaciones de dos sustancias químicas distintas pero pertenecientes a un mismo grupo, como diversos plaguicidas, disolventes orgánicos o metales y metaloides esenciales y/o tóxicos. La exposición combinada a varios disolventes orgánicos puede producir diversos efectos aditivos, sinérgicos o antagónicos (dependiendo de cuál sea la combinación de disolventes, de su intensidad y de la duración de la exposición), debido sobre todo a su capacidad de influirse mutuamente en sus biotransformaciones respectivas.